a dónde vas manzanas traigo

¿Por qué ocurren las conversaciones que no llegan a ninguna parte o que «se mueven en círculos»?

Cuando las conversaciones te dejan con la sensación de que no llegas a ninguna parte, confuso o agotado por haber intentado (que no logrado) comunicarte, es probable que te encuentres ante un grave caso de «¿A dónde vas? ¡Manzanas traigo!», una práctica muy habitual en los intercambios diarios en los que uno de los interlocutores cambiará de forma repentina el asunto que se está tratando o lo distorsionará de una forma tan sutil y popularmente ignorada que ni te darás cuenta. Y entrarás al trapo con toda seguridad, hasta que sigas leyendo…

Ejemplo:

Padre: «¿Quieres venir a hacer la compra conmigo?».

Hijo: «Ya he cenado, papá».

Padre: «Por favor, no chilles, que tenemos vecinos».

Hijo: «Me gustaría ir al cine esta noche, ¿podemos?».

Padre: «Te pasas el día gastando dinero, ¿cuándo vas a empezar a ahorrar?».

Hijo: «Se me rompieron las zapatillas de deporte y tuve que comprar unas nuevas».

Padre: «¡Me bajo al supermercado!».

Si observas detenidamente el ejemplo anterior, en ninguna de las interacciones se continúa con la interacción anterior. El hijo realiza un desvío inicial del tema (de «quieres venir» a «cuándo he comido», sin responder a la pregunta) que posteriormente el padre continúa sin saber que ha entrado al trapo. El padre se enfada sutilmente, sin saber que es porque no obtiene respuesta, y continúa el cambio de rumbo de la conversación con un nuevo tono, convirtiéndose su intercambio en una conversación que no llega a ninguna parte, genera malestar y no obtiene la información que la motivó (¿quieres venir o no?).

El que oiga superficialmente esta conversación, la considerará de lo más normal, pero el que realmente se pare a escuchar, sentirá que los participantes están hablando sin abordar el problema inicial y sin darse cuenta de que se han desviado de este, pues probablemente sea su forma de relación hasta que uno lo detecte y elija modificarlo, o no.

Por qué ocurre esto
  • Muy frecuentemente no escuchamos a nuestros interlocutores, estamos tan enfocados en decir lo que queremos, que les oiremos sin escucharles, solo para soltar nuestro tema.
  • No en todas las ocasiones se tratará de falta de interés o práctica por la escucha activa. El propósito encubierto más frecuente de salirse por la tangente es el de evitar algo que se considera incómodo, una forma de decir a nuestro interlocutor (sin decirlo) que el punto justo anterior al desvío nos resulta una piedra en el camino que preferimos sortear, como si no la hubiésemos encontrado. O, visto de otro modo, dirigiremos la conversación hacia donde nos venga mejor.
  • En áreas como la política o la comunicación corporativa, además, esta práctica forma parte de las estrategias conscientes y habituales para «manipular» el mensaje central de la conversación, aunque suelen ser técnicas bastante perceptibles para el aguzado comunicador.
Ejemplo del mundo de la política

Entrevistador: «¿Qué piensa de la detención del jefe del partido?».

Entrevistado: «La detención no es el principal problema de los ciudadanos, sino la bajada de las pensiones de los 3.000 oyentes que nos escuchan».

Otros ejemplos de cambio de asunto y/o perspectiva
  • Una madre pregunta a su hijo: «¿te has lavado los dientes después de merendar?» y el hijo responde: «me los lavé esta mañana» = La perspectiva ha cambiado de «después de merendar» a «esta mañana».
  • Un terapeuta pregunta a su paciente: «¿cómo te sientes?». Y el paciente responde: «ayer me sentí mal» = El paciente cambia la perspectiva de «hoy» a «ayer» porque, consciente o inconscientemente, le incomoda responder a la pregunta e indicar que hoy no se siente mal.
  • Un padre pregunta a su hija: «¿quién ha hecho esta pintada en la pared?» y la hija responde: «está ahí desde ayer» = El asunto ha cambiado de «quién» a «cuándo», para no apuntar a la autora de la pintada.
  • Una hija pregunta a su madre: «¿dónde está papá?» y la madre responde: «ahora vuelve» = La madre evita decir «en el bar» con un cambio de asunto de «dónde» a «cuándo», con el que pretende normalizar el alcoholismo en el hogar familiar.
  • En una negociación de convenio, el responsable de Recursos Humanos pregunta al representante sindical: «¿qué necesitas de nuestra parte para que podamos firmar el acuerdo?» y el representante responde: «estamos molestos con las condiciones presentadas» = El asunto ha cambiado de «lo que necesitas de nosotros» a «lo que pienso de lo que no me gusta», pues al representante sindical no le interesa la invitación a tratar el asunto desde las necesidades del sindicato, sino desde su aparente malestar.
  • Un amigo a otro en una cafetería: «¿quieres tomarte una caña?» y el amigo responde «¿y tú?» = Este cambio de asunto «de ti a mí» es muy frecuente cuando uno no quiere hacerse responsable de sus comportamientos mejorables y se escuda en las elecciones de otro para sentirse mejor. Si el otro acepta la invitación de «ser el primero», tendrá una excusa para decirse a sí mismo «bueno, lo elegí porque tú también lo elegías, no fue mi decisión».
Alternativa consciente

En cualquier conversación de este tipo, la persona que inicia la conversación tiene la opción de mantenerse en el tema original, seguir el cambio al que es invitada o incluso dar un nuevo giro inesperado. Si optas por retomar el asunto y/o la perspectiva original de la conversación, has de utilizar preguntas que te lleven de vuelta al origen y mantengan el problema y su solución a la vista, repitiendo y reenfocando cuando sea necesario.

Siguiendo la conversación del ejemplo inicial:

Padre: «¿Quieres venir a hacer la compra conmigo?».

Hijo: «Ya he cenado, papá».

⭐ Padre: «Vale, pero me gustaría saber si quieres venir conmigo al supermercado, pues me marcho ya».

Hijo: «Ya, papá. Y a mí me gustaría ir al cine esta noche, ¿podemos?».

⭐ Padre: «Eso no es una respuesta a si quieres venir a hacer la compra conmigo. Puedes decir que no, si es lo que quieres».

El reenfoque comunicativo puede resultar agotador cuando no estás acostumbrado y también cuando la otra persona se niega a reenfocar. Así que, ahora que tienes el superpoder de detectarlo, elige bien las interacciones a las que quieres dedicar esa energía. 😉

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