El consumo de alcohol «social» y el alcoholismo desde otra perspectiva

El consumo de alcohol «social» y el alcoholismo desde otra perspectiva

Mi visión de las conductas nocivas es que, como cualquier comportamiento humano, tienen una intención positiva, aunque las consecuencias suelen ser negativas.

Es decir, el alcoholismo en este caso, incluso el hábito más moderado del «bebedor social», surge para ayudar a los consumidores a satisfacer una necesidad, proporcionándoles calma temporal, distrayéndoles puntualmente de temas que no aceptan en sus vidas o a los que no se quieren enfrentar y/o «durmiendo» el estrés durante un breve espacio de tiempo.

Por tanto, me uno a la corriente que considera que el alcoholismo no es ni un desorden cerebral, ni un problema genético, sino un intento bastante torpe del individuo de solventar un problema vital, normalmente relacionado con dolor emocional y/o con ausencia de responsabilidad adulta.

«NO PIENSES», LA ORDEN QUE SIGUE EL BEBEDOR

Según la perspectiva que Claude Steiner ofrece en su libro «Games Alcoholics Play» («Los juegos a los que juegan los alcohólicos») y en su posterior actualización «Healing Alcoholism» («Sanando el alcoholismo»), el comportamiento del bebedor responde a una especie de voz interna que les indica «no pienses».

Además, las personas que se mueven bajo esta orden habrán creado un entorno a su alrededor en el que no se piensa, alentando a todos a que hagan lo mismo, para dificultar que alguien les confronte por su hábito con la bebida o con su «no pensar», pues lo llevarán mucho más allá del alcohol, desconectándose profundamente de sus vidas y llegando a justificar esto con lenguaje como «soy muy despistado». También educarán a sus hijos para que así lo hagan.

Si observas lo que ocurre alrededor del consumo de alcohol en todos sus grados, es muy común que sea la propia familia del alcohólico la que le proporciona bebida o «endulza» sus salidas al bar ante terceros con todo tipo de excusas artificiosas y artimañas para que su hábito pase desapercibido y pueda seguir igual.

Incluso entre los bebedores sociales, será más común que se ridiculice antes a quien elige no beber que al que bebe, pues el bebedor desviará la atención para hacer de «lo normal» un problema, con frases como «qué rarito eres», «qué aburrido» o «no sabes disfrutar», con las que busque mantener su status quo y acercar o alejar para siempre a todo el que lo haga de otro modo.

Lo que distingue al bebedor ocasional del alcohólico según Steiner, es simplemente la voluntad del segundo de vivir anulando su capacidad de control adulta, llegando a actuar de formas incomprensibles cuando bebe (ej. conducir borracho), como un niño que dice no comprender peligros o consecuencias o que, sencillamente, se ha acostumbrado a acusar a otros de sus propios actos porque la ausencia de responsabilidad «le va bien» para seguir haciendo lo que hace.

El bebedor social, sin embargo, no anula su lado adulto. Y esta es una línea muy delgada…

REÍRSE POR NO LLORAR

Las personas que beben alcohol hablan normalmente de ello con humor, algo que podría ir desde un guiño de ojos cuando te están invitando a irte de copas, hasta algo más desarrollado (te invito a escuchar las letras de las canciones que están sonando ahora…). Si no se riesen, ¿llorarían?

Lo habrás visto también en cientos de ocasiones en la ficción mientras algún personaje se ríe nerviosamente ante el peligro. O quizás recuerdes algún momento en el que tú mismo estabas comentando algo serio e inexplicablemente te reíste al contarlo. ¿Por qué lo haces tú?

Para el bebedor puede que sea una forma de buscar normalidad y/o complicidad a su alrededor, siguiendo en la línea de «no pienses» o que busquen permiso del entorno para seguir bebiendo. Incluso que quieran obtener sonrisas que no saben obtener de forma alternativa…

Y esta última es para mí la gran respuesta a por qué el bebedor sigue bebiendo: porque, en alguna de sus múltiples facetas, desprecia su vida y rechaza la posibilidad de hacerse cargo de ella y hacerlo de otro modo. Silenciosamente, todo su entorno no consumidor le despreciará también.

LA SOLUCIÓN

El alcohólico que no se abra a la vulnerabilidad de observar en qué se ha metido y qué tipo de vida ha perpetuado mientras «no pensaba», pocos pasos estará dando para mejorar. Es incómodo, pero un camino de una sola dirección.

Los múltiples profesionales de la ayuda y médicos que promueven la culpa hacia afuera (es culpa de la sociedad, de los genes, de tu infancia, del duro momento que estás viviendo, del camarero del bar, etc.), se olvidan de recordar al bebedor la existencia de sus recursos adultos y también de las áreas en las que sí puede actuar. La propia palabra «adicción», que proviene del latín «addicere» (= esclavizado o atado a), implica ausencia de soluciones y movimiento…

Este tipo de argumentos y lenguaje justifican el hábito y victimizan al que bebe, haciendo que algo posible (no beber) parezca más y más difícil. Requiere un cambio de perspectiva.

Es un proceso complejo, pero para que la cura del alcoholismo ocurra es necesario que no se pase por alto que el alcohólico ha de regresar a sí mismo y a su momento presente, ya sea el momento presente algo placentero o no. Desde ahí, reconsiderar cada paso.

Si formas parte del entorno de un alcohólico o bebedor social, no te tocará a ti decirles cómo actuar, pues solo cuando lo hagan por voluntad propia cambiarán, aunque sí te toca a ti considerar cómo podrías haber estado participando sin ser consciente de ello (puede ser tan sencillo como regalar una botella de vino…).

Y si es el propio alcohólico o bebedor social el que siente que ha llegado el momento de dar un giro y quiere hacerlo por su cuenta (porque puede hacerlo por su cuenta), ha de preguntarse: ¿de dónde surge el malestar que busco silenciar?, ¿qué problema no estoy queriendo afrontar?, ¿es algo que ocurre a mi alrededor y sobre lo que siento no tener control o es algo completamente interno?, ¿cómo me ayuda a solventarlo beber?, ¿cómo puedo solventarlo sin hacerlo?

Si estas preguntas le resultan demasiado molestas para comenzar, podría utilizar estas otras: ¿qué me motiva a beber en primer lugar (la intención positiva que satisface mi hábito) y qué otro hábito no destructivo podría satisfacer esa misma motivación?

En el mejor de los casos, si alguno de los lectores se encuentra identificado con estas observaciones con respecto al alcoholismo, espero que le ayuden a tomar conciencia de las posibles causas de su hábito y a elegir mejor. Porque es posible hacerlo cuando se hace por elección.

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