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El consumo de alcohol «social» y el alcoholismo desde otra perspectiva

Existe una tendencia entre la comunidad médica que se olvida de recordar al alcohólico adulto su capacidad de actuar sobre sí mismo y optan por culpar a agentes externos de su alcoholismo («es culpa de la sociedad, de los genes, de tu infancia, del duro momento que estás viviendo, del camarero del bar», etc.). La propia palabra «adicción», que proviene del latín «addicere» (esclavizado o atado a), implica ausencia de soluciones y movimiento. Pero este tipo de argumentos y lenguaje justifican el hábito y victimizan al que bebe, haciendo que algo posible (no beber) parezca más y más difícil. Y requiere un cambio de perspectiva que habilite la posibilidad.

Existe una corriente alternativa que considera que el alcoholismo en origen no es ni un desorden cerebral, ni un problema genético, sino un intento bastante torpe del individuo de solventar un problema vital, normalmente relacionado con dolor emocional, negación y/o con ausencia de responsabilidad. Así, las conductas nocivas o autodestructivas, como cualquier otro comportamiento humano, tendrían una intención positiva, aunque las consecuencias fuesen negativas. Es decir, el alcoholismo en este caso, incluso el hábito más moderado del conocido como «bebedor social», surgiría para ayudar a los consumidores a satisfacer una carencia o necesidad, distrayéndoles puntualmente de temas que no aceptan o a los que no se quieren enfrentar.

«No pienses», la orden interna que sigue el bebedor

En este sentido y siguiendo la perspectiva que Claude Steiner ofrece en su libro «Games Alcoholics Play» («Los juegos a los que juegan los alcohólicos») y en su posterior actualización «Healing Alcoholism» («Sanando el alcoholismo»), el comportamiento del bebedor responde a una voz interna inconsciente que le ordena «no pienses». Las personas que se mueven bajo esta orden, además, habrán creado un entorno a su alrededor en el que no se piensa, con el objetivo de dificultar que alguien les confronte por su hábito con la bebida o con su «no pensar», pues lo llevarán mucho más allá del alcohol, desconectándose profundamente de sus vidas y llegando a justificar esto con lenguaje como «soy muy despistado».

Si observas lo que ocurre alrededor del consumo de alcohol en todos sus grados, es muy común que sea la propia familia del alcohólico la que le proporciona bebida o «endulza» sus salidas al bar con todo tipo de excusas artificiosas y artimañas para que su hábito pase desapercibido y «no pienses» en ello. Incluso entre los bebedores sociales, será más común que se ridiculice a quien elige no beber que al que bebe, pues el bebedor desviará la atención hacia el no bebedor con frases como «qué rarito eres», «qué aburrido» o «no sabes disfrutar», con las que buscará mantener su status quo y alejar a todo el que lo haga de otro modo.

Según Steiner, en este sentido solo se podrá diferenciar a un bebedor ocasional de un alcohólico en la voluntad del alcohólico de vivir anulando su capacidad de control adulta de forma continua, llegando a actuar de formas incomprensibles cuando bebe (ej. conducir borracho), como un niño que dice no comprender peligros o consecuencias o que, sencillamente, se ha acostumbrado a acusar a otros de sus propios actos, pues la ausencia de responsabilidad le permite seguir haciendo lo que hace. El bebedor social, sin embargo, no anula su lado adulto. Y esta será una línea muy delgada de trazar…

La solución

El alcohólico ha de abrirse a la vulnerabilidad de observar en qué se ha metido y qué tipo de vida ha perpetuado mientras «no pensaba», aceptar algo que hizo o no hizo, algo que vivió o no vivió, algo que quiere o no quiere vivir en este momento, etc. Probablemente será un proceso complejo pero no imposible, al menos no si el alcohólico está dispuesto a regresar a sí mismo y a su momento presente, sea el momento presente algo placentero o no, y reconsiderar cada paso con responsabilidad.

Si formas parte del entorno de un alcohólico o bebedor social, no te tocará a ti decirles cómo actuar, pues solo cuando lo hagan por voluntad propia cambiarán, aunque sí te toca a ti considerar cómo podrías haber estado participando sin ser consciente de ello (puede ser tan sencillo como regalar una botella de vino…). Y si eres el propio bebedor y sientes que ha llegado el momento de dar un giro y quieres hacerlo por tu cuenta (porque puedes hacerlo por tu cuenta), has de preguntarte:

¿De dónde surge el malestar que busco silenciar?

¿Qué problema no estoy queriendo afrontar?

¿Es algo que ocurre a mi alrededor y sobre lo que siento no tener control o es algo completamente interno?

¿Cómo me ayuda a solventarlo beber?

¿Cómo puedo solventarlo sin beber?

Si estas preguntas te resultan demasiado molestas para comenzar, podrías utilizar estas otras:

¿Qué me motiva a beber en primer lugar? (la intención positiva que satisface mi hábito)

¿Qué otro hábito no destructivo podría satisfacer esa misma motivación?

La vida es una continua elección y todos podemos aprender a elegir mejor. ¡Adelante!

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