La diferencia entre educar para evitar el dolor o para acercar al placer

La diferencia entre educar para evitar el dolor o para acercar al placer

Si te preguntase ahora si sientes que estás educando a tus hijos para que eviten el dolor o para que se acerquen al placer, probablemente no tendrías ni idea de qué responderme, así que te lo preguntaré de otro modo: ¿cuál de las siguientes afirmaciones se acerca más a tu forma de educar?

  • «Si no estudias, no encontrarás un buen trabajo».
  • «Si estudias, podrás dedicarte a lo que quieras».

En ambos casos estarías buscando incitarles a la acción de estudiar con todo el amor del mundo pero, mientras en el primero les motivarías para que aprendan a evitar lo indeseado, adoptando una actitud desconfiada y cautelosa ante la vida, en el segundo lo harías para que aprendan a hacer las cosas con el objetivo de disfrutar de lo que hacen y de sus resultados, permitiéndoles que se atrevan a dirigirse hacia lo que realmente quieren.

En nuestra cultura, se nos educa para evitar el dolor mucho más frecuentemente que para acercarnos al placer, a lo que queremos. Y ese es uno de los motivos por el que nos comportamos como lo hacemos (¿eres del team «malo conocido» o del team «bueno por conocer»?).

Te sonarán frases como “si no apagas la tele, te castigo”, pero pocas veces habrás escuchado otras como “si colaboras, jugamos a lo que quieras después”. O quizás te suenen familiares enunciados como “¡te vas a caer!” (= no lo hagas, para evitar un daño) en lugar de “¡adelante, tú puedes!” (= muévete, continúa haciendo lo que quieres).

¿Y cuántas veces has escuchado a un niño decir lo que quiere ser de mayor y, a continuación, a uno de sus padres comentar los aspectos negativos de esa profesión?, ¿esperas que ese niño se mueva en la vida adulta hacia lo que quiere o evitando lo que considera “malo”, porque una de sus figuras de referencia algún día lo resaltó?

«Cuando un niño no es criado en el amor sino en el miedo, no aprende a amar sino a defenderse» – Françoise Dolto.

Desde bien pequeños, aprendemos a poner la atención en lo que queremos evitar. Y existe una gran diferencia entre mirar hacia el problema y mirar hacia el objetivo en términos de satisfacción vital y obtención de resultados. En la primera, las oportunidades no formarán parte de nuestra percepción.

Nada es casual en la forma en la que nos comunicamos con nuestros hijos y, hacerse consciente de estos matices de la comunicación, nos ofrece una gran oportunidad para detectar facetas moldeables de nuestro propio comportamiento parental, para que se conviertan en adultos con herramientas.

 

Cuando te mueves hacia lo que quieres
Cuando te alejas de lo que no quieres
Pones la atención en lo que quieres conseguir. Te centras en las oportunidades y en las posibilidades, en los objetivos que deseas alcanzar. Pones la atención en lo que no deseas, centrándote en evitar lo que consideras desagradable o en solucionar un problema cuando ya se te ha echado encima. Ves el mundo por sus consecuencias negativas y te decepcionas fácilmente cuando estas llegan.
Sabes priorizar y te entusiasmas con tus propias metas. Tienes dificultad a la hora de centrarte en un objetivo concreto que te emocione. Cuando se te pregunta «¿qué es lo que quieres?», responderás con lo que no quieres o simplemente dirás «no lo sé».
Sabes lo que quieres y te mueves hacia objetivos concretos. Evitas lo nuevo, dejas pasar oportunidades que te dan miedo y vas sobre seguro, rechazando vivir la vida que te haría feliz.

 

Pregúntate: ¿qué te mueve a la acción y qué te mantiene en la inacción?, ¿te motivas para actuar cuando piensas en lo que podría pasar si no haces algo o cuando piensas en lo que podrías conseguir si lo haces?, ¿te mueves solo cuando las cosas empiezan a salir mal?, ¿sabes lo que quieres o solo sabes lo que no quieres?, ¿cómo le trasladas verbalmente a tus hijos que se pongan en acción?

Si te interesa llevar a cabo un cambio positivo en tu vida y mejorar cómo te comunicas, también con tus hijos, dando un giro en la forma en la que te diriges del dolor al placer, te invito a adquirir tu ejemplar de «Más Vale Bueno Por Conocer. Un cambio de actitud imprescindible para estar bien».

¡Adelante! Eres el mejor padre que tus hijos pueden tener.

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