Decir «tengo que hacer esto» en vez de «voy a hacer esto» empeora tu percepción de la realidad

Decir «tengo que hacer esto» en vez de «voy a hacer esto» empeora tu percepción de la realidad

Si te preguntase ahora si sientes que te mueves por obligación o por voluntad propia, probablemente no tendrías ni idea de qué responderme, así que te preguntaré: ¿cuántas veces te repites, a lo largo del día, “tengo que” hacer esto o lo otro?

La expresión “tengo que” y similares (“debo”, “debería”, “hay que”…) nos hace saber que la tarea que sigue en el enunciado es una imposición, alejando nuestro enfoque de la existencia de alternativas y de la participación por voluntad.

Asociar lo que hacemos a obligaciones, normalmente genera un estado continuado de desagrado en el que el movimiento por elección deja de percibirse como una opción real, concluyendo con que carecemos de control sobre nuestras vidas.

Si nos movemos sintiéndonos forzados a cumplir tareas que, alternativamente, preferiríamos no “tener que” hacer, damos un falso poder a una regla externa a nosotros mismos que consideramos la única opción. Todo se convierte en una imposición. ¿Y la vida para cuándo?

Sustituir este tipo de formas de expresión por otras que eliminen las restricciones y favorezcan la satisfacción, podría modificar cómo percibimos la misma realidad, sin que esta haya de cambiar, posibilitando que nos centremos en nuestra capacidad de elección y que la sensación de obligación constante se reduzca.

Algo tan sencillo como decir “voy a planchar la ropa” o “quiero planchar la ropa porque me gusta salir a la calle sin arrugas”, mueve el foco de mi atención a las oportunidades de la tarea y mi motivación, que antes surgía de la necesidad, crece en base a las oportunidades.

 

Motivado por la necesidad

Motivado por las oportunidades

Me motivo por la necesidad cuando me centro en lo que debo hacer o en aquello a lo que me siento obligado, por ejemplo, “tengo que ir al supermercado”. Me motivo por las oportunidades cuando me centro en lo que quiero, en la elección, por ejemplo, “quiero bajar a comprar para preparar una ensalada”.
Siento que vivo en un mundo de reglas y restricciones que acato, aunque no me gusten, cuando utilizo palabras como: “tengo que, debo, debería, no debo, imposible, a la fuerza, por narices, no puedo, es necesario, es imprescindible, es obligatorio, esto es lo que hay, hay que hacer lo correcto, más vale malo conocido…”. Me oriento hacia la acción y veo el potencial de mis acciones cuando utilizo frases como: “puedo, podría, quiero, haré, voy a, es posible, abrir nuevos caminos, más vale bueno por conocer…”.

 

El cambio personal que te permita mejorar cómo te sientes con lo que haces puede comenzar con pequeñas decisiones como modificar tus “tengo que” por “voy a”.

Te invito ahora a identificar alguna tarea que te desagrade, algo que habitualmente pospongas por tedioso y, cuando la hayas identificado, observa cómo cambia tu perspectiva, tu cuerpo, lo que sientes con respecto a esa tarea, cuando modificas la misma frase con las siguientes alternativas: debo, tengo que, tendría que, necesito, podría, debería, haría, haré, voy a, quiero, puedo.

¿Has notado cómo se aligeraba la sensación de obligación con el cambio de palabras?, ¿qué palabra te da más fuerza y te invita a hacerlo de forma voluntaria?, ¿merece la pena que adaptes tu lenguaje para incluirla a partir de ahora en tu forma de comunicarte?

Ponte manos a la obra y mañana, en vez de despertarte sin ánimo para salir de la cama diciéndote “buff, tengo que ir a trabajar”, o lo que sea, prueba a decirte “voy a sacar el máximo partido a mi jornada laboral” o, si lo prefieres, “puedo mejorar mi calidad de vida definiendo un nuevo objetivo profesional”.

Si quieres conocer otras técnicas tan accesibles como esta para mejorar tus relaciones y tu vida, te invito a adquirir tu ejemplar de «Más Vale Bueno Por Conocer. Un cambio de actitud imprescindible para estar bien». Estoy segura de que este libro te hará mirar el mundo con otros ojos.

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