«No tienes tiempo», entonces… ¿qué vas a dejar de hacer para dedicar tu energía a lo que podrías estar haciendo?

«No tienes tiempo», entonces… ¿qué vas a dejar de hacer para dedicar tu energía a lo que podrías estar haciendo?

Expresiones como «no tengo tiempo para esto», «no tengo tiempo para mí», «estoy hasta arriba», «no me da la vida», etc. llueven a diario desde todas las direcciones. A la salida del colegio los padres se lamentan del poco tiempo que poseen «para ellos mismos», en las reuniones de empresa estas frases son como un asistente más… Se trata de «lamentaciones» habituales que se han normalizado mientras uno continúa caminando con la sensación de que «el tiempo» le controla. ¿Pero realmente nos controla?

El tiempo es una ideación humana, ¡no tiene poder de control! El que puede elegir lo que hace cada día con el tiempo a su disposición es uno mismo. Yo tengo el control. Tú tienes el control. No podemos elegir cuándo sale el sol o cuándo vuelve a salir al día siguiente, pero sí lo que hacemos durante las 24 horas que separan ambos momentos. ¡Son 24 horas! Las mismas 24 horas para ti, que para mí, que para el de más allá. Uno tiene el mismo tiempo que cualquier otro ser humano.

Piénsalo. Cuando dices que «no tienes» tiempo, ¿quizás quieres decir que lo que haces durante ese tiempo no te lleva a ninguna parte?, ¿tienes la sensación de estar «dando vueltas» con actividades que no eres capaz de catalogar como «de valor»?, ¿puede que el tiempo, cuando lo mencionas en el trabajo, te ayude a callar bocas que, de otro modo, tendrías que escuchar para enfrentarte a algo nuevo?

Es probable que, si registrases en una hoja en blanco a qué dedicas cada minuto de un solo día, encontrases mucho más de un hueco para ocupar en eso que no te permites hacer porque «el tiempo» no te deja… Te invito a probar este ejercicio y, si después de realizarlo y de ubicar diversos huecos en tu jornada, añades un «ya, pero…». Ese «ya, pero…» será la siguiente pista que necesitabas para aceptar que buscas excusas porque, realmente, el tiempo no te controla, eres tú quien no quiere cambiar.

¿De verdad quieres hacer algo nuevo? Entonces, es hora de que te preguntes: ¿para qué quieres ese tiempo del que dices carecer?, ¿qué es esa actividad tan importante que no consigues llevar a cabo por ausencia de horas? Solo cuando tengas un plan específico y realista, podrás hacer hueco para este. Todo lo demás, serán ensoñaciones y más excusas…

Míralo desde otro punto de vista, si lo prefieres. Mi visión para lo que tenga que o quiera hacer en una semana es la de plantear cuánta energía quiero dedicar a cada cosa (no cuánto tiempo). ¿De qué me serviría tener las tardes libres para estar en familia si estoy «presente pero ausente» por haber agotado mi energía en una lucha innecesaria durante la mañana? Mi valor se encuentra en la energía productiva que dedico a mi vida, no en el tiempo que empleo en hacer esto o aquello. Si tiene sentido para ti, puedes continuar preguntándote, ¿qué vas a dejar de hacer para dedicar tu energía a lo nuevo que podrías estar haciendo?

Cuando uno se encuentra agitado de forma habitual (esto se sabe cuando te acuestas agotado y te dices a ti mismo «no tengo ni idea de lo que ha pasado hoy, pero estoy muerto»), vive en estado de autoengaño porque está en la aparente acción continua, pero no hace aquello que le proporcionaría sensación de plenitud. La energía, entonces, va dirigida a la agitación en lugar de a las acciones que solucionarían el problema.

Para no pensar si lo que hace es lo que quiere hacer o qué es eso que querría hacer alternativamente si lo que hace no le satisface, se entretiene y se agota con actividades que le dirigen a esa sensación de no haber llegado a ningún lugar («estoy perdiendo el tiempo»). En un caso así, uno tampoco «pierde» el tiempo (es impracticable que uno pierda algo que no existe…), pero sí pierde su energía productiva pues, si tuviese la energía para hacer otra cosa, eso le obligaría a cambiar, y cambiar no es algo que se haya planteado aún…

Digamos que el tiempo es una excusa para no actuar. Es duro admitirlo pero, si estás aquí-ahora, quizás nadie mejor que tú para tomar conciencia de lo que te pasa. Puede que estés dedicado a solucionar problemas de terceros (hijos, padres, pareja…) porque, inconscientemente, deseas su dependencia para seguir «sin tiempo» para actuar por ti mismo y enfrentarte a tus propias necesidades. Puede que incluso ya seas consciente de que no quieres cambiar y tus «no tengo tiempo para…» oculten la realidad «no me interesa en absoluto lo que me estás contando» o «no quiero avanzar con ese tema», muy frecuentes en el entorno laboral.

¿De qué te proteges?, ¿tienes miedo a lo desconocido?, ¿evitas plantearte algún tipo de cuestión existencial?, ¿estás inmerso en una situación que no te apetece afrontar y te cansas para no verla de frente?, ¿rechazas la realidad tal como es?, ¿qué estás postergando en tu vida, en cualquier caso?

¡Muestra tu reacción!
+1
65
+1
0
+1
0

💌 ¡No te pierdas las novedades!


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *