Hace años cayó entre mis manos el primer libro firmado por Bruce Lipton, a quien pertenece esta frase. Era una época difícil en la que lentamente me abría a ideas totalmente nuevas y esta fue una de ellas.
Cuando recuerdo aquella etapa, quiero recordar a todos los que pasan por una crisis que es la mejor oportunidad que tendrán para permitirse ser su mejor versión pues, sin ella, las tradicionales perspectivas de la enfermedad, del bienestar y de lo que podemos y no podemos hacer con nuestras propias vidas, estarán demasiado enraizadas para que nos atrevamos a ponerlas en duda sin resistirnos o dar el siguiente paso sin miedo a ser diferentes.
El Dr. Lipton ha sido uno de esos profesionales sin miedo a ser diferentes en un área en la que ser diferente puede atraer mucho odio de los que se resisten a cambiar. Desde hace años se dedica a demostrar cómo nos hemos creído una verdad sin solidez científica con respecto a las enfermedades, una verdad que, paradójicamente, se ha convertido en una «verdad» científica basada en la ausencia de investigación, tan solo por repetición. Como cuando alguien reproduce el refrán «más vale malo conocido que bueno por conocer» hasta la saciedad, considerándolo como la «verdad» por excelencia… pero ¿la repetición lo hace cierto?
Bruce Lipton resalta en su trabajo, apoyado por la rama de la Biología conocida como Epigenética, que no somos víctimas de nuestra herencia genética, enfatizando que menos del 1% de las enfermedades pueden ser atribuidas a genes defectuosos y que, por tanto, el 99% de las enfermedades no se pasan dentro de los sistemas familiares por los genes, sino que las células se modifican debido al entorno en el que viven y eso es lo que las enferma.
¡Es el entorno y no la genética! Un gran cambio de perspectiva pues, si bien no podemos controlar la información genética de nuestros cuerpos, lo cual nos haría víctimas de nuestra realidad al haber sido introducida en nuestro genoma durante la concepción, sí podemos controlar la información que enviamos al entorno que condiciona nuestras células. Y la información que enviamos a ese entorno es lo que conforma nuestra percepción de la realidad.
El sistema nervioso, encargado de la percepción, traduce e interpreta el mundo a nuestro alrededor, ajustando nuestra química interna a esa interpretación subjetiva (basada en creencias o presuposiciones, como la de que los genes nos controlan). Déjame decírtelo de otro modo: al igual que la percepción de amor introduce la dopamina, oxitocina, vasopresina y la hormona del crecimiento en nuestros cuerpos, mejorando la vitalidad y la salud de nuestras células, la percepción de peligro, de lucha, de defensa constante, de miedo, libera hormonas de estrés y agentes inflamatorios, modificando la química del entorno de nuestras células, el cual dirige su «destino».
Por tanto, cuando nos protegemos, reprimimos emociones o vivimos en ira, enviamos esa información al entorno que condiciona la salud de nuestras células y no permitimos su crecimiento. Entonces, la química de nuestros cuerpos se centrará en la protección de las amenazas que estamos percibiendo como ciertas. Por ejemplo, si crees que tienes un gen del cáncer y que ese gen te generará cáncer, esa percepción estará traduciendo un pensamiento de peligro en química real.
Según Lipton, tal y como indica en el vídeo que verás a continuación, más del 90% del cáncer es resultado de la percepción de cada individuo con respecto al mundo, también los famosos genes del cáncer de mama en las mujeres (BRCA1 o BRCA2). Para él, son genes asociados con el cáncer, pero que no lo causan. Lo que genera la enfermedad es la incongruencia que viven los individuos (estrés, lucha, resentimiento, falta de armonía…)… El cáncer sería tan solo un síntoma de una vida disfuncional.
Es un tema doloroso y eso lo hará difícil para muchos, pero somos capaces de cambiar nuestra percepción y dejar de considerarnos víctimas del caos en el que vivimos para pasar a verlo como una oportunidad. Considerarnos víctimas es tan solo una percepción. Y, si lo hacemos, estaremos traduciendo una conclusión insatisfactoria del mundo en biología.
Quizás el consejo más sabio que alguien pueda darnos hoy en día, alguien que no recurra a una receta médica para ello, sea el de vivir con tranquilidad y mirando hacia el «bueno por conocer» en todo lo que hacemos… Yo he aprendido a preguntarme: «¿cómo me ayuda pensar esto o aquello?». Así que te invito a ti a hacer lo mismo: ¿Te ayuda pensar que eres una víctima de tus genes? Si es que sí, sigue haciéndolo. ¿Quieres seguir refiriéndote a «la lucha contra el cáncer» o a los «supervivientes del cáncer» o te ayudaría más expresarlo como «la cura del cáncer» o «personas que se han curado de una enfermedad»?
No importa lo que elijas creer porque, elijas lo que elijas, si crees en ello, encontrarás información que lo respalde. Así que asegúrate de que lo que elijas te ayuda…
En la vida todo es cuestión de elección y eso forma nuestra percepción. ¿Tú que eliges?

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