⚠️ Este artículo contiene spoilers de Spider-Man: Brand New Day
Estamos acostumbrados a pensar que las historias de superhéroes tratan sobre efectos especiales, villanos y asesinatos y eso es con lo que muchos se quedan al salir del cine. Afortunadamente hay películas como «Spider-Man: Brand New Day» que te permiten profundizar en algunas buenas lecciones de vida, al menos si estás en el momento de recibirlas.
Así que me gustaría desarrollar aquí mis sensaciones acerca de la nueva de Spider-Man con respecto a la paradoja de querer ser uno mismo mientras uno mismo no se permite ser, la idea que para mí atraviesa la película de principio a fin y sobre la que nos invita a reflexionar. Pero vayamos por partes.
Dr. Bruce Banner: el hombre que quiso domesticar a Hulk
Esta película está llena de momentos para analizar desde otra perspectiva, momentos que no esperaba encontrarme cuando acudí a verla para cumplir con mis responsabilidades maternas 🤷🏻♀️, pero mi favorita es, sin duda, la escena en la que el Dr. Bruce Banner / Hulk, tras perder el control de su versión más salvaje y prácticamente acabar con Spider-Man, nos regala una profunda mirada en la que se traslada a través de la pantalla el dolor que está sintiendo al darse cuenta de que se ha convertido en lo que había estado reprimiendo años y, en ese mínimo instante de lucidez, vemos cómo elige tirarse al vacío para controlar su «parte monstruosa» y no hacer daño.
Es una escena hermosa y tremendamente contradictoria, si se recuerdan minutos antes de la película en la que el propio Dr. Bruce Banner sugiere a Peter, sin saber quién es y hablando de las posibilidades de mutar el ADN artificialmente, que se acepte a sí mismo y que no reprima algo de su naturaleza que quizás necesite salir. Con ese contexto, la propia lección subyacente de la escena resulta ser que, cuando uno reprime tan duramente su naturaleza y durante tanto tiempo, una ira interna encarcelada buscará expresarse de formas no siempre agradecidas.
Muchas personas viven así hasta la muerte, luchando contra su sensibilidad, su impulsividad, su tristeza, su deseo, su cuerpo, su vulnerabilidad y, en definitiva, convirtiendo una parte de sí mismos en un poderoso monstruo verde que no deja de crecer y se expresará como pueda, quizás con un gran vacío que recuerde una tristeza oculta o con una crisis de identidad fruto de una vida basada en la corrección de la identidad. Puede ser incluso mucho más cotidiano e integrado en el comportamiento diario, por ejemplo cuando reprimimos nuestro enfado por algo que consideramos injusto y después lo expresamos, incrementado, con alguna persona de nuestro entorno de intimidad, fuera de contexto y de lugar.
Aceptarse a uno mismo no es sencillo e intentar no ser quien eres o manipular las partes que no te gustan de ti mismo, buscando crear una versión idealizada en base a la represión, al control o a los avances tecnológicos, suele acabar mal para recordarte que existe una alternativa a la que todavía no has llegado…
Peter Parker y la obsesión por controlar su lado arácnido
Es exactamente lo que le ocurre a Parker, obsesionado por controlar su lado más instintivo, poderoso y peligroso. Pero ese control no impide que su «lado negativo» siga creciendo. No solo les ocurre a los superhéroes. Nos ocurre cuando intentamos no enfadarnos nunca, cuando decidimos que sentir miedo es una debilidad, cuando creemos que desear algo intensamente nos convierte en egoístas o perturbados o cuando pasamos media vida intentando parecer la persona que creemos que deberíamos ser. Y la solución se encuentra en el equilibrio y no en la represión, que nos desequilibrará.
¿Pero por qué quiere corregirse Parker si es un «superhéroe bueno»? Su lado reprimido se expresa de forma físicamente dolorosa y sí, sentir dolor, es incómodo. Además llega acompañado de culpa y de soledad. Por un lado la culpa irracional de considerar que sus poderes contribuyeron a la muerte de sus tíos (películas anteriores), motivo que valora como suficiente para continuar corrigiéndose, en lugar de aceptar que existen otras fuerzas que van más allá de uno mismo, y también personas que influyen en sus propios destinos con sus decisiones… Por otro lado, saberse distinto llega acompañado de soledad social. Queremos gente auténtica, pero no demasiado. Original, pero sin incomodar. Valiente, pero sin ir más allá de lo que nos convenga. Y esta película nos recuerda que muchas veces el precio de ser uno mismo es sentirse fuera del grupo o utilizado por el grupo. Y quizá esto no sea un fallo de las personas de forma individual, sino un espejo de nuestra forma de convivir conjuntamente, lo cual nos daría para desarrollar otra paradoja, la de pedir aceptación mientras buscamos corregirnos, pero no será hoy 😉.
¿Quién decide quién es bueno y quién es malo?
Una de las ideas más interesantes de esta película es cómo las fronteras morales dejan de ser tan claras. Hay personajes que empiezan siendo enemigos y terminan ayudando. Otros comienzan como aliados y acaban tomando decisiones difíciles de justificar. Entonces surge la reflexión: ¿dónde están realmente los límites?
Quizá no existan personas completamente buenas o completamente malas, sino personas heridas, personas asustadas, personas intentando sobrevivir con lo que tienen y sin haber adquirido el verdadero superpoder del autodesarrollo… Eso no elimina su responsabilidad en cada momento, pero nos invita a mirar más allá de la etiqueta «villano».
Lo que rechazamos puede esconder nuestro mayor poder, no hace falta ser Spider-Man
Al salir del cine es fácil quedarse con las escenas de acción, con las persecuciones por Nueva York y con los poderes reinventados, pero la pregunta que deja flotando la película es mucho más sencilla y delicada: ¿qué parte de ti llevas años intentando controlar porque la has catalogado como «inaceptable»?
Todos tenemos una araña, un Hulk o algún personaje «raro» viviendo en nuestro interior. La diferencia es que Marvel les pone banda sonora épica, maquillaje y efectos especiales para transformar sus defectos en poderes. Nosotros tenemos que aprender a hacer esa transformación sin mallas rojas sobre cuerpos musculados, sin música grandilocuente y, normalmente, sin saber muy bien cómo.
Pero, con el tiempo e intención, tal vez nuestra rabia pueda convertirse en capacidad para poner límites, nuestra sensibilidad en empatía, nuestro miedo en prudencia, nuestra diferencia en creatividad, nuestro dolor en compasión. Como cuando Jean Grey cambia el foco del uso de su telepatía de la venganza a la supervivencia corporal de Peter Parker en los últimos minutos del film, aquello que consideramos que nos hace diferentes en negativo, puede convertirse en nuestro mayor poder cuando lo utilizamos con una intención positiva.
Quizá tu mayor superpoder no sea convertirte en otra persona, sino en dejar de querer ser alguien distinto, adquiriendo nuevas herramientas para que lo que rechazas de ti mismo se convierta en tu fortaleza y disfrutes de ser quien eres. Al fin y al cabo, nadie le pediría a Spider-Man que salvara el mundo después de quitarle la araña… ¿Te interesa? Te invito a continuar aquí.

Escritora y emprendedora comprometida con iniciativas educativas, tecnológicas y de valor social, Lorena diseña y desarrolla proyectos que promueven el aprendizaje, el bienestar y ofrecen soluciones a retos cotidianos.
