La queja es lo opuesto a la creatividad, no permite el movimiento o la acción y, aunque parezca necesaria en momentos de desahogo o produzca la falsa sensación de estar haciendo algo con respecto a un objeto de descontento, fomenta la retroalimentación que produce vivir en el «malo conocido», cerrando los ojos a lo que podrías estar haciendo con respecto a lo que te desagrada. En el peor de los casos, alimenta la lucha contra aquello de lo que te quejas.
Dale la vuelta a tus quejas
Pero puedes coger tus quejas y aprender a darles la vuelta. Para ello, has de transformarlas en una respuesta a la siguiente pregunta:
«¿Qué puedo hacer (o dejar de hacer) en mi campo de acción, que me permita moverme hacia algo que considero mejor?».
Esto es lo mismo que decirte: «Tengo la capacidad de transformar la inacción en movimiento». Y el movimiento siempre es creativo, te gusten más o menos los resultados…
En algunas ocasiones la respuesta a esa pregunta te pedirá sugerir y/o solicitar un cambio a tu alrededor (siempre que algo o alguien te impacte de forma directa), en muchas otras te pedirá a ti aprender a aceptar lo que no está en tu mano cambiar y, en la mayoría de circunstancias, te retará a moverte hacia lo que te gusta, en lugar de mantenerme mirando hacia (y quejándote de) lo que no te gusta.
Haz algo nuevo, suelta la queja y elige a tu «bueno por conocer» cada día. La vida no es buena ni mala, sino una continua elección…
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