El trabajo suele ser uno de los focos más importantes de malestar en algún momento de la vida adulta. Pero ese malestar no ha de encauzarse desde la visión «más vale malo conocido…», para quedarnos como estábamos desde el victimismo, sino que será una oportunidad que cada uno podrá abrazar para dar pasos hacia un momento mejor.
Uno de los diversos problemas con los que nos solemos encontrar cuando surge el malestar laboral es que los trabajadores desconocen o no expresan el estilo de trabajo con el que se sienten más a gusto y, por tanto, tampoco buscan puestos adecuados a su patrón predominante o solicitan cambios internos hacia puestos o formas de trabajo que les motiven más, probablemente ignorando las opciones existentes.
Pero lo cierto es que no todos los estilos de trabajo son capaces de sacar lo mejor de uno mismo y este es un aspecto fundamental cuando una cultura organizacional se deteriora, requiriendo a los equipos de gestión de personal que se sensibilicen con respecto a las estrategias de trabajo de las personas que contratan o que ya tienen a su cargo.
Por consiguiente, tanto si quieres conocer cuál es el estilo de trabajo que te haría sentir mejor en horario laboral, como si has de ocuparte de la motivación de tus empleados y eso te suena a chino, sigue leyendo.
«A mi aire» o estilo de trabajo independiente
El tipo «independiente» prefiere trabajar solo y, si hay una puerta, mejor. Le gustará trabajar con tanta autonomía como sea posible y sin compartir responsabilidades. Marcará su propio ritmo y se sentirá bien mientras pueda seguir sus propias reglas y hacer las cosas a su manera, sin supervisión estrecha (mucho mejor sin ella). Cualquier cambio respecto a sus preferencias, repercutirá negativamente en su motivación y productividad.
Suelen ser personas muy buenas en «lo suyo», que no comparten el progreso de sus tareas con facilidad y también prefieren no relacionarse con otros compañeros estrechamente, por eso se sentirán mejor si no forman parte de un equipo y, si lo hacen, pasarán de reuniones diarias, chats grupales, team buildings, comidas de trabajo, etc. o se sentirán incómodos en ellas.
Su lenguaje habitualmente tendrá «yo» y «mi» («mi proyecto», «mi idea», «mi responsabilidad», etc.) muy marcados, sin hablar en plural o mencionar a otros. Utilizarán (y les influirán) frases como «por mí/ti mismo», «sin interrupción», «hacerlo solo», etc.
«Todos a lo de todos» o estilo de trabajo cooperativo
Un trabajador con estilo de trabajo cooperativo busca trabajar con otros y compartir responsabilidades. Las decisiones en solitario no son su fuerte y los deadlines le producen vértigo por sentir el peso de la responsabilidad sobre su solitaria espalda. «Juntos» aquí no siempre significa que todos trabajen por igual…
En mi observación he podido concluir que los puestos pensados para un estilo de trabajo cooperativo están diseñados por un manager que no siempre es capaz de definir la carga individual de cada miembro participante dentro del planteamiento cooperativo, lo cual suele desembocar en frustración a medio plazo.
Un manager con este estilo de trabajo, demandará hacerlo todo con sus empleados y que todos opinen de todo lo que hacen los demás, pudiendo desembocar en una comunicación desordenada y en la inconclusión de las tareas de su equipo en horario de trabajo (han de hacer horas extra…).
«Juntos pero no revueltos» o estilo de trabajo de proximidad
Este tipo de trabajador, que suele ser el más habitual en las empresas, necesita una buena definición en su territorio de responsabilidad, aunque también le gusta sentirse parte de un grupo y socializar cuando sea necesario. Una cosa no estará reñida con la otra, porque los límites se habrán marcado de forma clara.
Aceptará la supervisión y la participación en un equipo siempre que tenga responsabilidad exclusiva sobre sus tareas. Su motivación y productividad saltarán por la ventana si tiene que compartir responsabilidades con otros o trabajar totalmente solo.
El estilo del jefe «son lentejas»
Habitualmente, lo que se observa es que es el jefe quien, ya sea por inflexibilidad o por desconocimiento de las opciones existentes y sus beneficios, exige a su equipo que adopte su propio estilo de trabajo, en lugar de adaptarse este a los estilos individuales, lo cual trastocará el clima laboral.
Un equipo equilibrado es aquel en el que no se impone un solo estilo, sino que conviven los tres, con el reto de que los cooperativos tengan cierta definición en sus responsabilidades compartidas y de que los métodos de comunicación del equipo se adapten también al estilo de los independientes.
Conocer cómo trabaja mejor cada individuo, en qué posición se siente más cómodo y con qué tipo de tareas, sin presuponer que lo harán de la única forma en la que «a mí» me parece que funciona el mundo, es esencial a la hora de sentirse motivado y motivar en el trabajo.

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