A la hora de educar, uno se da cuenta de inmediato de la carga de la palabra «promesa», que un niño puede llegar a utilizar por imitación como un «vale para todo», cuando quiere conseguir algo inminentemente, experimentar seguridad ante un miedo o sentir reconocimiento por hacerlo «bien». Y, si no se le pone remedio a tiempo, lo llevará a su vida adulta para continuar la cadena en una nueva generación, no sin antes frustrarse y decepcionarse en el camino al ir comprobando cómo sus promesas, y las promesas de los demás, van cayendo por su propio peso.
«Pero… ¡me lo habías prometido mamá…!» 😭
Todos sabemos que cumplir promesas es complejo pues, con ellas, nos estamos anticipando a algo que todavía no ha pasado y, hasta la fecha, no conozco a ningún individuo capaz de garantizar lo que pasará. Dicho de otro modo, es igual de improbable decir «te prometo que me portaré bien» que decir «te prometo que me voy a comprar una casa frente al mar con 12 habitaciones y 17 baños, mañana». Puede que ocurra, pero si no he participado para que algo pase, existen bastantes probabilidades de que no.
La promesa lingüística adquiere numerosas formas y, en ocasiones, también rimbombancia; formas como «hasta que la muerte nos separe», «te garantizo que…», «te juro que…», «no volveré jamás a…», «pinky promise!», etc. Todas ellas esconden promesas y el principal problema es que generan una obligación para con la persona con la que uno se comunica, de hecho, la promesa puede llegar a ser vinculante en los tribunales. Pero el que comunica una promesa no se plantea consecuencias negativas ni se compromete con los resultados indeseados, utilizando una visión infantil del mundo que, además, conllevará la autopresión de una obligación a futuro. Del otro lado, el que resulta receptor de una promesa incumplida, habitualmente experimentará desencanto, desilusión y también reproche innecesario.
Alternativa consciente
Toma nota de estas alternativas lingüísticas más reflexivas y menos limitantes que te abrirán, además, a la posibilidad de que el resultado sea distinto de lo que esperas (porque habitualmente lo es…):
«Mi intención es…», «me encantaría…», «haré lo que pueda para… aunque no lo garantizo», «haré lo que esté en mis manos», «lo consideraré», «veremos si se puede», «lo tengo presente», etc.
Veámoslo con un ejemplo:
A: «¿Me prometes que este verano iremos a la playa, mamá?»,
B:
«Lo prometo»/ «Mi intención es que así sea» / «Me encantaría, pero todavía no lo sé».
¿Qué utilizarías tú?
Podría ser muy tentador, mientras le pillas el truco, querer utilizar «lo intentaré» como alternativa a «te lo prometo», aunque esta expresión tiene sus propias connotaciones que te alejarían de la promesa. Si te interesa profundizar en ellas, lee: Cuando dices «lo intentaré» y cuando dices «lo haré» escribes finales alternativos para tu película.
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