Cuando un padre publica fotos de sus hijos de forma abierta o las comparte automáticamente con otros vía chat, muchas veces lo estará haciendo con buena intención, orgullo y alegría, sin pararse a reflexionar acerca de lo que sus hijos aprenden de sus pequeños gestos, mucho menos acerca de qué pasará cuando esas fotografías se encuentren en manos de terceros, pero el mensaje que les trasladará acerca de las normas de comportamiento digital será provocador.
Obviemos, por un momento, la posibilidad de que esos niños se conviertan en adolescentes y adultos que se sientan incómodos con la exposición de su intimidad y privacidad durante la infancia, en lugar de protegidos, respetados y con capacidad de elección sobre sobre la imagen pública que exista de ellos de un momento anterior; y centrémonos en esos mismos adolescentes y adultos que, por haber normalizado su exposición involuntaria de niños, probablemente desconocerán la importancia del consentimiento activo, de los límites de la intimidad, de la divulgación de información personal abierta y buscarán valoración externa continua para cada paso que den (el «like» de la realidad). Eso es lo que vemos en ciberseguridad.
La cuestión no es demonizar la tecnología de raíz, tampoco enfadarte contigo mismo cuando te hagas consciente de lo que hasta ahora hayas normalizado, sino preguntarte si existen alternativas o mejores opciones que te ayuden a ejercer tu responsabilidad parental de forma coherente con el momento actual y con «tu» deseo de visibilizar el amor por tus hijos públicamente.
Quizás alguna de las siguientes alternativas de conductas digitales seguras funcione para ti.
Alternativas conscientes para educar a tus hijos en normas de conducta digitales seguras
- Consulta por defecto a tus hijos si puedes tomarles una foto, aunque tu intención no sea compartirla. Este sencillo acto les ayudará a participar de forma activa en el consentimiento digital.
- Incluso si te parecen muy pequeños, incluirlos en esta decisión fortalecerá su confianza acerca de sus límites y les dará seguridad en su comunicación cuando tengan que decir «no». Paralelamente, se acostumbrarán a consultar a terceros y a respetar siempre la posibilidad de que alguien no quiera hacerlo como ellos.
- Igualmente, si alguien va a tomar una foto a tu hijo automáticamente, pregúntale abiertamente si está de acuerdo; le ayudarás a atreverse a expresarlo por sí mismo la próxima vez que ocurra. Normalizar la exposición involuntaria ante las cámaras les inhabilita en la opción «no». Y este sencillo gesto les dotará de un inigualable superpoder para la vida.
- Si compartes imágenes y vídeos de tus hijos con tu familia de origen u otras personas, hazles partícipes con anterioridad del uso que esperas que se haga de tu contenido: ¿Es para un uso totalmente privado? ¿Podrán volver a compartirlo con sus conocidos sin consultártelo? ¿Esperas que utilicen a tus hijos de imagen de sus perfiles en redes sociales? ¿Pueden republicarlo como si les perteneciese?
- ⭐ Si no quieres ofrecer tus datos a las redes sociales actuales y también si quieres tener cierto control sobre las fotos que compartes de tus hijos sin enviarlas directamente a los dispositivos de terceros, puedes optar por crear álbumes privados en la nube (Google Photos o OneDrive, por ejemplo) y compartir sus vínculos con personas específicas, incluso podrás desactivar la opción de descarga de contenido, permitiendo tan solo su visualización durante el tiempo que consideres oportuno.
- Si utilizas redes sociales, especialmente si son públicas, otra opción es difuminar los rostros y detalles personales de tus hijos, protegiendo su identidad, absteniéndote del uso de ubicaciones en tiempo real y otros datos privados susceptibles de afectar a la seguridad del menor (y a la tuya).
- Por supuesto, lo más recomendado siempre será que publiques de forma privada en redes sociales, limitando el acceso a personas de confianza.
- Si la herramienta lo permite, utiliza publicaciones temporales que caducan y no permanecen en internet para siempre.
- ⭐ También puedes esperar a que sea tu propio hijo quien decida qué quiere mostrar de sí mismo cuando llegue el momento, fomentando su autonomía en el consentimiento y la privacidad digital desde pequeño.
- Para que lo comprenda, si llega con el habitual «mis amigos lo hacen», puedes enseñarle una foto suya de hace años y preguntarle: «¿te hubiera gustado que esta imagen fuese ahora pública en internet?». Lo comprenderá si cambias los «porque yo lo digo» por argumentos como «tú elegirás cuando sea necesario».
- Y, por favor, permítete, con asiduidad, vivir el presente sin cámaras y tan solo con las personas que se encuentren a tu alrededor físicamente, para que tus hijos aprendan de ti que los momentos también se guardan en el corazón y que no necesitan a nadie más para sentirse valorados.
¿Qué otras opciones se te ocurren?
La educación digital empieza mucho antes de su primer móvil y va mucho más allá de aprender a usar un dispositivo. Como padre de un menor, oirás frecuentemente hablar acerca del valor de enseñar a los niños a cuidar su imagen digital y, con toda seguridad, también participarás en charlas de ciberseguridad o ciberacoso mucho antes de que tengan su primer dispositivo o acceso libre a la red pero, ¿cómo esperas que lo hagan si no les sirves de modelo?
Permíteles el espacio y la protección que necesitan, cultivando una relación más sana con la tecnología y aprovecha la gran oportunidad de la infancia para educarles en normas de conducta digitales saludables, en lugar de censurarles cuando sea demasiado tarde.
Cada momento juntos puede convertirse en un acto de amor hacia tus hijos, en lugar de ser un gesto automático cuyas consecuencias podrían ser negativas.
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